jueves, diciembre 14, 2006

Topocalma LCD
Ojalá que en Topocalma las cosas se mantuviesen siempre igual. Ojalá la soledad, el banco que vomita olas perfectas, y el viento side off a destajo, pudiesen desafiar incluso a las estaciones del año. Ojalá que con el invierno el surazo no migrara a tierras más cálidas y que el día siguiente fuere igual de bueno que el anterior.

Nada que hacerle, el viento cesa, el banco cambia todos los años, tal vez por los temporales, tal vez por puro capricho, la gente desaparece, las velas se desarman.

Pero hay algo que permanece, que perdura en Topocalma. Es la vida de su gente, de los trabajadores y sus familias, de los que viven "portón adentro". Ellos parecen no cambiar, sus casas permanecen ahí, para ellos no importa si el viento ya se fue, porque saben que volverá.

Ellos son parte del Chile de campo, ese Chile de casas de adobe, de largos álamos al borde del camino de tierra, de abuelas marcadas por las arrugas y también por la tranquilidad. Ese Chile que recorremos apurados siguiendo una brisa, el del tableteo del puente de madera, el del piño de cabras por el camino, ese que huele a zarzamora y a Libertad, ese es el que no tiene que desaparecer, y que aunque el viento se vaya, seguirá ahí.





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